La conexión emocional que suscita una concentración de camiones es el gasoil necesario para que cabeza y corazón carburen equilibradamente. En primavera y verano suelen florecer, pero eventos de tal calibre demandan mucha planificación. Y sino que se lo digan a los Truck Norte Boys.
Que los preliminares son importantes lo hemos oído una y mil veces. Cuando en un evento festivo el camión se convierte en el eje principal, eso también pasa.




No tenemos muchas ocasiones en la vida para ligar nuestra profesión a valores tan importantes como el compañerismo, la familia, la solidaridad en carretera y todos los méritos derivados de nuestro oficio; así que para el que se deja la piel para obsequiarnos con una concentración en la que se nos brinda casi todo ello en bandeja, nuestra sola presencia es el regalo que más y mejor recompensa su trabajo.
“Para mí – decía Alfred Hitchcock – el cine son 400 butacas que llenar”. Así es, afectivamente. Ya puedes haber organizado el San Cristóbal más glamuroso del mundo que, si el público no responde, toda labor previa pierde su sentido.

Las relaciones humanas entre profesionales del transporte alzan el vuelo en una concentración, encuentro, reunión, quedada o como cada cual quiera denominarlo.
El burgalés Jesús Martínez, Chiqui, que junto a Sebastián Ruíz y demás miembros de Truck Norte Boys, organizó la IV Quedada de Camiones San Cristóbal en Villafría (Burgos); es una de esas personas que trabaja varios meses antes en la coordinación del gran día sancristobalero de julio, para que todo acabe funcionando.





¿Y cuándo sabes que funciona?: “Si la gente te mira y se ve reflejada en ti – nos dice Chiqui – , y tú cuando miras a la gente, te ves reflejado a ti mismo, es que algo has hecho bien”.
En cualquier caso, Jesús entiende que concentraciones arraigadas en el imaginario camionero a poblaciones como Hoznayo, Montehermoso, Torrelavega, Albox o Pola de Siero, por tan solo citar algunas, se tomen de vez en cuando un respiro o pasen el relevo.

“La energía se te consume en llamadas por aquí, coche para allá, reuniones, permisos, etc. En definitiva – resume Chiqui -, tiempo y dinero.



Llega el día y tú lo disfrutas a medias, porque no dejas de organizar, pero ves a todo el mundo tan contento, que con 100 abrazos y un ‘Hasta el año que viene, Chiqui’, llegas a casa agotado, pero felizmente convencido en trabajar para el San Cristóbal siguiente”.



