Está todo el mundo enfrascado en cómo salir de la situación, del atolladero económico, del torbellino de las irregularidades o tratando de zafarse de la apisonadora del desempleo que anda por ahí destruyendo puestos de trabajo mientras el más chulo de los chulos (y de las chulapas) del Gobierno Rajoy, el de Hacienda, va rebuznando por ahí urbi et orbi que los sueldos de los españoles están subiendo de forma moderada. Una de dos, o este tipo charlatán no considera españoles a la inmensa mayoría del personal o se chotea de nosotros con inquina y alevosía.
Cuando se ha perdido el poder adquisitivo por su puñetera reforma laboral, cuando te pueden ir dando por allí donde más escuecen los pepinos, con el visto bueno de cualquiera de los sindicatos subvencionados va el torticero ministro suelta la que suelta y se queda tan pancho. Declaraciones esperpénticas para desviar la atención de lo que realmente nos preocupa: la creación de empleo y una auténtica persecución contra los estafadores, delincuentes con gomina, cuellos blancos y gemelos, contra las cuentas en B que tanto parecen dominar en según qué barrios y formaciones políticas, porque miren ustedes cómo los folclórico-independentistas de Artur Mas y sus aires y posares de Fitzgerald Kennedy, hasta su sede social tienen embargada… ¿Por qué será?
Pero a lo que íbamos
En medio de toda esta situación, difícil donde las haya, va y salta un nuevo titiritero diciendo que hay que empezar a pagar peaje en las autovías. El tipo en cuestión, con bigote ralo, afeitado con tiralíneas, al estilo mismo de aquellos que gastaban camisa azul con flechas y yugos bordados de rojo en el pecho, es presidente de Aseta, la patronal de las concesionarias de autopistas. A mí la primera cuestión que se me plantea es qué hace este personaje, si representa a los autopisteros, hablando de autovías. Será un mensaje encargado por el propio Gobierno por lo impopular de la medida sin antecedente alguno. Cómo pueden ser gratuitas las autopistas en Bélgica, Holanda o Alemania y aquí pretenden cobrarnos por el uso de infraestructuras.
Pero el pavo sigue arrimando el ascua a su sardina: le propone al Gobierno un plan de inversión para las autopistas de peaje en torno a los 1.334 millones de euros al año. E insiste en la necesidad de implantar peajes en las autovías que les reporten un ingreso máximo de diez mil millones de euros. Claro está que este proyecto inversor deben llevarlo a cabo las sociedades concesionarias, quienes en contrapartida alargarían los años de concesión. Vamos, que el plumero no se le ve, al del bigotillo. Y que los demás, todos los usuarios, estamos aquí para seguir caldeándole el bisnes por mucho que diga que es preciso ese dinero para aplicarlo en inversiones. También le come la oreja a la Administración diciéndoles que ellos tendrían un retorno fiscal de 760 millones de euros y garantizaría la creación de 24.025 puestos de trabajo.
El flautista…
Vamos, que tenemos ahora la gran suerte de que por fin se nos aparece el mágico flautista de Hamelin, quien haciendo sonar su travesera se nos va a llevar el desempleo al país de irás y no volverás. No sé cómo no se les ha ocurrido antes a ese grupo de chiripitifláuticos ministros que componen el respetable Gobierno de España, ni siquiera al esperpéntico Montoro, él y su sapiencia infinita.
Si sólo se trata de pagar por el uso de cualquier carretera, en el parking de los hospitales, que ya se sabe, todos vamos por gusto a pasar una tarde, en cualquier calle de cualquier ciudad convertidas todas en zonas falangistas, perdón zonas azules… qué casualidad, como los colores de la gaviota pepera… En fin es la ley: paga, revienta y que te vayan dando por lerele. Lo de las autovías, cuidado porque cuando el río suena…



