Durante los cinco días de campaña especial de vigilancia a vehículos destinados al transporte escolar que llevó a cabo la DGT, se ha constatado que de los 3.557 vehículos controlados por los agentes de tráfico, 1.416 fueron denunciados, sobre todo por irregularidades administrativas.
Cabe destacar también en esta campaña que 5 conductores dieron positivo en la prueba de detección de drogas y otros 9 circulaban a velocidades superiores a las establecidas.
Según Gregorio Serrano, director de la DGT, “el consumo habitual de drogas por una parte de la sociedad, tiene un reflejo directo en los conductores, muchos de ellos se ponen al volante tras haber consumido algún tipo de sustancias como se constata en los controles que realizan los agentes en carretera. Desde la DGT seguiremos incrementando dichos controles, poniendo un énfasis especial en los conductores profesionales”.
En las inspecciones realizadas por los agentes se constató que 8 vehículos de transporte escolar que disponían de cinturones de seguridad presentaban anomalías en su funcionamiento.
Las irregularidades administrativas son las que mayor número de denuncias han generado. Por ejemplo, no disponer de la autorización especial para realizar transporte escolar supuso la denuncia a 1.024 vehículos y 338 por no tener suscrito un seguro de responsabilidad ilimitado, como exige la ley.
Los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil también comprobaron que 81 vehículos de transporte escolar presentaban deficiencias en las puertas de servicio y emergencia, así como en sus dispositivos de accionamiento y otros 16 fueron denunciados por no tener en regla la ITV.
Además, 104 vehículos controlados, durante esta campaña especial de la DGT, no llevaban la correspondiente señal V-10 de transporte escolar y otros 24 carecían del dispositivo luminoso con señal de emergencia.
Por último, en lo que se refiere al exceso de tiempo de conducción o minoración del descanso, 17 conductores fueron denunciados por este motivo y otros 30 por no llevar a bordo del autocar una persona encargada del cuidado de los menores, cuando así procedía.



