La inestabilidad meteorológica durante todo el fin de semana, con fuertes lluvias a intervalos y fuertes rachas de viento, fueron el principal hándicap para los convocantes del encuentro. Las lluvias fueron copiosas y se desarrollaron generalizadas en toda la Península. Y ya saben lo del refrán: Si vas a Santander, no te dejes el paraguas que no para de llover. Así que allí nos dimos cita para dar cuenta del desarrollo del certamen en su primera edición.
Por las razones que fuere, el encuentro no fue de lo más numeroso si nos remitimos a listados e inscritos, aunque sí es destacable el nivel y la calidad de lo camiones decorados que se dieron cita, así como de los exquisitos y vistosos históricos que reivindicaron su desfile por las calles de la señorial villa, hasta las instalaciones del incomparable marco del santanderino Palacio de la Magdalena. Afortunadamente para todos los profesionales y aficionados en general, la restauración de vehículos industriales veteranos e históricos está resultando en nuestro país de una actividad realmente envidiable. Algo impensable hace tan sólo unos cuantos años, registra en la actualidad un creciente interés en todas las comunidades de nuestra querida piel de toro, y el hecho se traduce en el excelente pañol de camiones que se vienen exponiendo en este tipo de encuentros…
No me atrevería a calificarlo de este modo. Le encuentro mucho más de pasión e interés cultural o histórico por salvar unas piezas (sin contar el dinero invertido, a costa de horas, muchas horas de dedicación con la implicación y las regañinas domésticas que a veces conlleva) que en muchos casos proceden del ámbito familiar, con el camión que empezó el abuelo, el padre o uno mismo, y en otras que uno se aplica en preservar aquel modelo porque es de su gusto o empezó a trabajar con uno similar, de la misma serie o con él hizo sus primeros pinitos.
Y ahí en ese marco pasional, conservando el patrimonio histórico-pasional, nos encontramos con Ángel Casado, padre e hijo, que han recuperado con todos los honores su Barreiros D2662. Decimos Barreiros porque era de las primeras series que customizaría Renault cuando llegó a Villaverde. Tertuliando con esta familia del Paular, convine con el jefe del clan que aquel camión, la primera vez que lo vi fue en Hontoria, cuando el encuentro anual de camiones clásicos. Acto seguido me espetaba en un cariñoso y familiar “sí que es verdad. Es la primera vez que salía, qué memoria tienes, jodío”. Y fíjate si damos fe, Ángel, que publicamos su foto con las mellas del óxido, junto con el actual camión reconstruido, donde ya desaparecen rombos y otros anagramas de tiempos pretéritos; una foto de la cisterna carrozada en Aranda mientras tu chaval prepara las rampas para bajarlo.
Otro team que nos sorprendía en Santander eran los componentes del grupo Frutas Montosa y no sólo por su jovialidad y esa amabilidad abierta que gasta la gente del sur, sino por la excelente flota de clásicos excelentemente reconstruidos y conservados. Para la ocasión contaron con la buena cooperación de Jesús Marfil (de Transmarfil), que fue quien les trasladó los Pegaso para su exposición y desfile. Es Francisco Ruiz Cazorla quien nos aclara y explica que todos los camiones clásicos pertenecientes a los fruteros del Valle-Niza, especializados en el aguacate, “han sido comprados en origen por la empresa y que allí se han venido conservando en el estado en que están”. Más jovencitos pero igualmente veteranos ya son los dos Troner que trae Óscar Duarte, desde Paracuellos del Jarama, restaurados hasta el último detalle, como nos hizo comprobar con las cortinas de cabina. Junto a él posa un orgulloso arandino, lector impenitente de Solo Camión; es Alberto Borreguero, que se ha sumado al encuentro de Santander.
También Almería estuvo muy bien representada en tierras cántabras. Antonio Pintor Moreno es el propietario de un exquisitamente restaurado Leyland Comet con el que nos hemos podido deleitar en el certamen, aunque sea Antonio José Sánchez Peña, el responsable del camión durante las jornadas de concentración, quien también ha confiado para su transporte en la logística y apoyo de Transmarfil. Un catedralicio Kenworth T200 también llamaba la atención en el lugar de exposición. Su propietario, José Reyes Martínez, no podía disimular el orgullo de conducir una máquina de tales características.
Los cántabros Ana e Ismael no podían de modo alguno saltarse la cita en su tierra, aunque en esta ocasión a los que les pusimos falta fue a los guajes, que no se dejaron ver por el Sardinero. Junto a ellos otro veterano de los certámenes, El Chicho; por cierto, Fernando, el queso de tu tierra con el que fuimos obsequiados: simplemente exquisito. Sin embargo, el bueno de El Chicho andaba en esta ocasión un tanto extraviado sin la compañía de los Sanz, el Buitre, Cortijos… etcétera. Por cierto, desde aquí, nuestros mejores deseos de todo el equipo de Solo Camión para El Colorines y señora.
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