Mario, David y ‘Chesco’ se juntaron en Montehermoso, al norte de la provincia de Cáceres, para reiniciar una fiesta que llevaba desactivada diez años, y que allá por el año 2014 fue la última vez que se hizo.
La mejor cosa que alguien puede hacer cuando se está dando vueltas a una idea, y esa idea no te deja dormir, es pedir asesoramiento a alguien que ya ha pasado por ese mismo trance y lo ha superado con éxito.
Mario González y David García son dos jóvenes montehermoseños con una afición por el camión fuera de lo normal. El primero de ellos es autónomo, mientras que David es hijo de camionero y lleva el gasoil en la sangre. Estos dos amigos llevaban ya tiempo con la idea de retomar lo que hacía 10 años Montehermoso había perdido.






Mientras, en Zarza de Granadilla, el pueblo vecino donde se había celebrado la última concentración de camiones que había sido un éxito, estaba Francisco, ‘Chesco’ para los amigos, que había sido el organizador de este encuentro.
Así, los tres se pusieron en contacto y quisieron volver a reactivar lo que hace tantos años había sido una tradición en este norteño pueblo cacereño, no muy lejos de Portugal.
Mario Galano y José Luís Iglesias, dos conocidos camioneros de raza del pueblo de Montehermoso, que ahora ya peinan canas, fueron los últimos organizadores de esta fiesta del camión. Parecía imposible que esta concentración volviera a ver la luz, pero cual Ave Fénix ha resurgido de sus cenizas.
Para ello pidieron prestada la empolvada agenda a los antiguos organizadores y los teléfonos empezaron a echar humo. Al final, los tres amigos consiguieron juntar cerca de 70 camiones venidos de los cuatro puntos cardinales del país, incluso alguno de la vecina Portugal.

Hacer una fiesta de esta magnitud y que sea un éxito en una tierra como Extremadura y en esas fechas es “fácil”, sobre todo teniendo en cuenta que el factor meteorológico va a ayudar en el 90% de las veces.
Pero en esta ocasión, Júpiter, el dios de la lluvia, el dueño y señor de ese restante 10%, no quiso perderse la fiesta y se dio un pequeño paseo por la campa donde estaban aparcados los camiones, lo suficiente para quitar de las cabinas el polvo acumulado en el viaje hasta Montehermoso y formar un pequeño barrizal que puso a bailar a más de un camión.
Lamentablemente este hecho hizo que se suspendieran las gincanas y demás entretenimientos relacionados con los camiones.






Además, el paseo por el pueblo con los camiones, sintiéndolo mucho, fue un poco descafeinado, pues los permisos de Tráfico tardaron en llegar y muchos no se atrevieron a sacar los camiones del parking por miedo a una posible sanción. Ya se sabe… las cosas de palacio van despacio.
Hubo varios camiones aerografiados, pero el más espectacular (sin quitar mérito a ninguno) fue el Volvo del cántabro Jesús, de Transportes Transnozal.
Todo un espectáculo y un lujo ver a esa joya sobre ruedas, aerografiada por la artista extremeña afincada en Castro-Urdiales (Cantabria) Nerea Ciprián.
También se desplazó desde Burgos Fernando Fernández con su impresionante montura negra, el Peterbilt de las chimeneas brillantes, la guinda que necesita y no puede faltar en ningún pastel.





Rafael Rincones se llevó el premio al camión que más kilómetros recorrió, 900, desde Barcelona a Montehermoso. En este mundillo del camión se demuestra que si hay voluntad, afición y ganas las distancias no existen.
El resumen de este entretenido fin de semana ha sido ver como renació una fiesta que muchos ya daban por perdida y que el tesón y la insistencia, cuando caen en buenas manos hacen que lo imposible se haga realidad.
Tal vez alguien pudiera decir que se podían haber mejorado algunas cosillas, pero coger experiencia requiere tiempo y teniendo en cuenta que es la primera vez que este grupo de esforzados voluntariosos se ponían al frente de un evento tan complicado lo han hecho muy bien.
Esperemos que haya continuidad porque la gente del camión merece estos momentos de desconexión y fraternidad.



