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Soy camionera: Vanesa Castillo, rebelde con causa

Cuando a una le gusta su trabajo es como no ir a trabajar. “Está claro que hay días malos, otros peores, pero yo la mayoría de ellos estoy supercontenta. Me siento en mi camión y estoy bien, sola. Yo me lo guiso, yo me lo como.

Estoy a gusto con lo que hago”. Charlamos con Vanesa Castillo, “la Nena”, como es conocida cariñosamente en el puerto de Valencia, su hábitat desde hace casi 20 años.

Camionera Vanesa Castillo

Nuestra camionera, que justo acaba de hacer los 39 (¡felicidades!), fue dando algunos saltitos en esto del mundo laboral antes de subirse a un camión. “A mí nunca me ha gustado estudiar, así que mi madre me llevaba con ella a limpiar casas, a ver si así me entraban ganas de hincar los codos.

Pero no había manera. Luego fui buscando algunos trabajillos, de dependienta, en un estudio fotográfico, pero nada me llenaba. Soy una persona a la que no le gusta estar encerrada, me asfixio. Al final acabé volviendo a limpiar casas. Nada me completaba”, subraya nuestra camionera de este mes.

Camionera Vanesa Castillo

Pero lo bueno estaba por llegar. Alentada por su madre, Vane se sacó el carnet de camión. También el ADR. Todo a la primera. “Justo el año que hice la primera comunión mi madre se quedó viuda. En aquella época la mujer se tuvo que buscar la vida, como he dicho antes, limpiando casas.

Años después, cuando yo tenía 19 años, se sacó el carnet de camión y comenzó a hacer internacional (Dinamarca, Holanda…). Se podía pasar tres meses fuera. Fue de las primeras mujeres camioneras que hubo. Una de las veces que vino a casa me vio enfadada y fue cuando me sugirió que me sacara el carnet”. A partir de ahí, la suerte le cambió.

Camionera Vanesa Castillo

Muchos años en el puerto

“Conocía a un amigo, Félix, que trabajaba de camionero en el puerto y me dijo que fuera a su empresa a pedir trabajo. Estuve cuatro días acompañándolo, sin conducir, pero viendo cómo era el día a día.

Al cuarto día, Emilio, el jefe, me dio un camión para mí sola. No había llevado uno ni para hacer una maniobra en el muelle. Todo lo que sabía era de la autoescuela. Soy echada para adelante, así que…”, nos cuenta Vanesa. “Lo que sí recuerdo –nos continúa explicando– es que llevaba un jersey de color crema y acabó el día todo negro”.

Camionera Vanesa Castillo

Al final, tras unos inicios un poco dramáticos, acabó quedándose en esta empresa, Transportes Globalizados. “Emilio me dio una oportunidad, un voto de confianza. Llevaba contenedores desde Valencia y hacía ruta nacional.

Tres años estuve, pero por circunstancias tuve que cuidar a mi madre por un problema de salud. Cuando volví ocho meses después, Emilio no tenía camión para mí y me tuve que buscar la vida”.

Nuestra protagonista la encontró en una empresa que hacía transporte por los alrededores del puerto de Valencia, metiendo luego mercancía en los barcos que iban a Canarias y Baleares.

Camionera Vanesa Castillo

“Me despidieron en plena crisis. Tras una horrible semana en la que me robaron y me pincharon las ruedas. Tuve varios rifirrafes con el jefe, le había plantado cara, con educación, varias veces, pero considero que lo que es justo se tiene que defender y asumir las consecuencias”.

El despido le supuso dos años en el paro. En este tiempo fue tirando de agenda y consiguió hacer varias sustituciones. “Fui picoteando, pero no acabaron de darme la oportunidad de quedarme.

La edad que tenía y ser mujer no ayudaban. Llevo tantos años en un mundo de hombres que ya los tengo calados. Generalmente donde voy me tratan bien, mis compañeros me ayudan, pero afortunadamente cada vez somos más mujeres. Yo lo tengo claro, siempre he dicho que no quiero diferencias por ser mujer. Quiero el mismo trato”, remarca Vane.

Camionera Vanesa Castillo

Cuestión de principios

Ahora, Vanesa trabaja en Conte-trans, empresa dedicada al transporte terrestre de contenedores, perteneciente al Grupo Alonso. “Cuando entré cogí un camión viejo con veinte años que se rompió y ya repararon.

Como la empresa no tenía vehículos, estuve siete meses llamémosle de mochilera. Por suerte, la compañía no prescindió de mí y conservó mi puesto de trabajo. En cuanto pudieron me asignaron un vehículo. Y hasta el día de hoy”.

Nuestra camionera de este mes lo tiene muy claro, “en mi trayectoria he pasado momentos malos, pero agradezco mucho a las personas que me dieron su voto de confianza y me dieron trabajo.

Gracias a ellos he tenido la oportunidad de descubrir un trabajo en el que me siento feliz y me completa. A pesar de las dificultades que se nos ponen a nosotras, tengo la gran suerte de estar con contenedores y no manipulo mercancía.

También he de decir que es un trabajo en el que te tienes que sentir anímicamente bien, ya que es duro, porque el camión supone trabajar muchas horas, poca disponibilidad para los tuyos, pero a la que le gusta, cuando se sube al camión, respira y piensa en poner la mejor sonrisa”, nos puntualiza Vanesa.

Y que nos recalca: “Gracias a este trabajo he conocido a personas increíbles, he aprendido muchísimo y he conseguido grandes amigos que me han apoyado en mis peores momentos.

Si hago balance, es más que positivo. Por esto, quiero dar las gracias a cada uno de los que en algún momento han formado parte de mi vida y me han ayudado. A los que no, también les doy las gracias porque me han hecho más fuerte”. Lo dicho, una rebelde con causa.