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Soy camionera: Celia Rivas Casais, fuente de inspiración

No es casualidad que hasta ahora nos hubiera costado encontrar mujeres ya jubiladas que se hubieran dedicado al transporte. Pues si echamos la vista atrás, no hace tanto, eran pocas las mujeres que pudieran incorporarse a la vida laboral, fuera de casa, y menos todavía que lo hicieran en uno de los sectores más duros, tanto para hombres como para mujeres, como lo es el transporte.

Camionera Celia Rivas

Aunque lamentablemente no hemos podido hablar con ella, como solemos hacer en esta sección, su historia nos ha llegado a través del libro “Celia Rivas Casais, pioneiras da Costa da Morte”, editado por la Xunta de Galicia, de los recuerdos de su sobrina Lily Díaz Rivas, autora, y Benjamín Trillo, marido de Lily y coautor de la edición. Hemos hablado con ellos, que nos han ampliado algunas de las historias que en el libro se recogen, pues Celia Rivas Casais, que se sacó el carnet de primera en mayo de 1932, fallecía el 21 de agosto de 1974, y no nos cabe ninguna duda de que fuera una de las mujeres pioneras del transporte.

Camionera Celia Rivas

Así comenzaba todo…

Celia Rivas Casais nació el 26 de octubre de 1912, en el municipio de Calcoba, en Finisterre, al borde de la playa de Langosteira. Sería la cuarta hija de Joaquín Rivas y Josefa Casais, que, aunque naturales de Finisterre, emigrarían a Buenos Aires, Argentina, hasta 1908. De regreso a España, ya vinieron con el único varón que tendría el matrimonio, Ramón, y con la primera de las niñas, María. Tras ellos, llegarían Palmira, Celia, Julita y Cándida.

En 1925, el padre de Celia marchó a Cuba y Estados Unidos, y aunque regresó 4 años más tarde, llamó a su hijo Ramón, que también desde Cuba pasaría a Estados Unidos, y allí se quedaría para establecerse con su propia familia. A pesar de estar siempre muy en contacto con sus hermanas, poco participó de la extensión del negocio familiar aquí en la Península. Pero eso sería mucho más adelante. María se quedó como la hermana mayor.

Camionera Celia Rivas

En el libro se relata cómo su padre las llevó por primera vez en la caja de un camión que había reconvertido él mismo en su pequeño taller, a partir de un turismo accidentado en carretera. María y Celia no cabían de la emoción que les producía ir a la gran ciudad, A Coruña. Ambas vivían para complacer y buscar la aprobación de su querido padre. Con este camioncito llevaba pescado y otras mercancías de Calcoba a La Coruña, y luego de vuelta con productos que no llegaban fácilmente a la zona, para venderlos. De hecho, la familia recibía el apodo Lavancas, un pájaro que anida en el mar, y porque se les supone que en su día procedían de familia de pescadores.

En 1932, Joaquín decidió cambiar el viejo camión, pues no les permitía ampliar el negocio familiar, se había quedado pequeño, por un Chevrolet de chasis largo de 4.000 kg de MMA, para el que se necesitaba el carnet de primera para poder conducirlo. Pero el destino quiso que contrajera una enfermedad pulmonar que le impediría tanto dedicarse al transporte que venía haciendo como los arreglos mecánicos que realizaba al vehículo. Así que le propuso a María que se sacase el carnet de primera.

Camionera Celia Rivas

En general, tanto María como el resto de las hermanas no comprendían por qué su padre les pedía hacer tal cosa siendo mujeres. Rivas explicó a sus hijas que en Estados Unidos había visto mujeres conduciendo camiones, y que si allí podían, por qué no aquí. María no se atrevió y le dijo a su padre que en España no había ninguna mujer conduciendo camiones. Pero él insistió que una de ellas podía ser la primera, una idea que a Celia le atrajo.

Poco tiempo después, Celia ya se encontraba frente al ingeniero que iba a examinarla, era el mes de mayo de 1932, en A Coruña, y todavía no había cumplido los 20 años.

Ese día, esclarece en gran medida lo extraordinario de aquel principio y lo que después vendría, nos cuenta Benjamín Trillo: “Celia estaba preparada dentro de su propio camión, que apenas hacía unos días que había llegado al negocio familiar. El ingeniero le pidió que se bajase, y ella permaneció a su lado. Al momento, el ingeniero pidió que se subiese el que se iba a examinar, al volver Celia a subirse al camión, ya enfadado, la increpó diciendo que, por favor, se subiese de una vez el que iba a examinarse. Hasta que no vino el ayudante con la ficha y los datos, el examinador no creyó que era ella quien se iba a sacar el carnet. Intentó disuadirla y no le puso la prueba fácil. Después de varias maniobras, desmontó las bujías y le pidió una puesta a punto del vehículo. Para Celia fue coser y cantar, pues lo había visto y hecho infinidad de veces con su padre, concluye Benjamín. Al ingeniero no le tocó otra que felicitarla y reconocer que lo había hecho mejor que muchos de los hombres que él había examinado.

Este sería el inicio de las rutas de Celia, que transportaba pescado desde Finisterre hasta los mercados de A Coruña y Vigo, así como madera para los aserraderos o cuarzo para la Fábrica de Carburos Metálicos en Brens.

Camionera Celia Rivas

Y llegó la guerra…

En junio de 1936, el negocio iba viento en popa, y junto con sus hermanas, compraron un Omnibus de 50 plazas, que pintaron de verde y rosa, y lo adaptaron para el transporte de mercancías y personas. Aunque apenas un mes después estallaría la guerra civil y se lo confiscaron. Para no perder el sustento familiar, Celia se vio obligada a acudir al frente para el transporte de convoy. Realizaba un viaje por semana al frente de Asturias, hasta marzo de 1937.

En la década de los cuarenta cambiaron las cosas, Celia contrajo matrimonio con Manuel Martínez, que condujo camiones en el negocio, con el que perdió a su primera hija, que nació fallecida, y tendría en 1943 a Manolete, así lo conocía todo el mundo. También se casó María, la hermana mayor, que mientras Celia conducía, llevaba el negocio familiar, pero que abrió una tienda con su esposo y dejó al frente a Celia, que ya no podía conducir su queridísimo camión, que con mimo reparaba y ponía a punto, para encargarse del aspecto más burocrático y comercial del negocio.

Camionera Celia Rivas

Una gran mujer

Aunque solo hemos podido rascar apenas en los extraordinarios comienzos de esta gran mujer, nos aproxima en gran medida a lo que debió ser su vida y sus logros en su municipio natal. La familia ha creado una petición en Change.org, para que Celia Rivas Casais sea reconocida como la gran pionera que fue, poniéndole su nombre a la nueva estación de autobuses de la capital gallega.

Pues hasta su fallecimiento, en agosto de 1974, se mantuvo al frente de la exportación de pescado y marisco que compraba a los barcos y las lonjas, empaquetaba en cajas de madera y transportaba en camiones frigoríficos a mercados centrales y restaurantes de toda España.