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Mid-America Trucking Show, el espectáculo debe continuar

El espectáculo está servido. Tras más de cuatro décadas de fidelidad en la convocatoria, el Mid-America Trucking Show de Louisville, en Kentucky se ha convertido en uno de los mayores puntos de encuentro para los gigantes de la carretera y las más bellas transformaciones, o cuanto menos peculiares. Peterbilt, Freightliner, International, Kenworth, Western Star ,…

Todos los grandes constructores americanos estuvieron allí presentes con las más bellas decoraciones y con las transformaciones integrales jamás soñadas en Europa.

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Personajes relevantes en este tipo de convocatorias, como Paul K. Young, quien lleva acudiendo al certamen y participando en el concurso de personalización de camiones desde hace 32 años, se ha convertido en uno de los más veteranos y expertos de la cita.

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Más de 100 vehículos decorados y tuneados se han concentrado en esta localidad del norte del estado de Kentucky para optar a los diferentes reconocimientos según varias categorías que establecen los organizadores.

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Aunque la recesión parece remitir en Estados Unidos, aún sigue siendo bastante palpable en el sector, sobre todo en este mundo de la transformación. De este modo, los expositores han comedido sus esfuerzos y han mostrado máquinas más asequibles y “austeras” para el gran público.

En esta ocasión, el constructor del óvalo rojo, Peterbilt, monopolizó las mayores atenciones por parte de los asistentes, por delante de los Kenworth o los Freightliner, puesto que los autónomos y los pequeños empresarios se decantan con mayor facilidad por éstos; además, entre los participantes, contaron con un buen número de unidades transformadas.

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Entre los congregados se mostraron infinidad de personalizaciones centradas en tantos motivos como participantes acudieron: retro, ultramoderno, cómics, sueños, etc. En estas líneas, mencionaremos sólo algunos de ellos, que definirán en buena medida lo que en el parking del centro de convenciones de Louisville los asistentes pudieron presenciar.

Los años 50 se vieron recreados en el reciente proyecto de Chad Blackwell, su Peterbilt 379, que el constructor dejó de producir hace seis años, en 2007. Éste combinó colores como el albaricoque, el turquesa y un cálido color crema que nos transportó a dicha década al subirnos en su interior.

La transformación ejecutada por Chrome Shop Mafia fue una receta inventada por el mismo propietario, quien lo mostró con orgullo tanto de día como de noche. Puesto que, para el otorgamiento de los galardones, los organizadores y el jurado, también tienen muy en cuenta la iluminación exterior e interior del vehículo.

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Otro gigante de esta industria, Todd Roccapriore, bien conocida su reputación de costa a costa, llegó a bordo del Peterbilt 379 negro y azul de transporte especial, en el que a primera vista no contaba con ninguna pieza original o de serie, ni el motor; ni las piezas del interior, como el salpicadero, volante o palanca de cambios; ni en el exterior.

Todo ha sido reconstruido o modificado; eso sí, sin perder la esencia principal del camión, hecho que también se vio reflejado en el precio que marcaba el resultado final.

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La empresa Farmers Oil, por su parte, realizó el largo viaje con dos espléndidas máquinas: el primero, sobre un Pete 389 naranja y color champán que se hizo con uno de los galardones de las diversas categorías de la convocatoria, y el segundo, un Kenworth W900 combinado en color blanco y turquesa que, a pesar de la austeridad que ofrecía, la base blanca causó sensación.

Entre los expositores también estuvieron presentes, llegados desde Minnesota, la familia Eilen con su última creación, un soberbio 389 negro y rojo carmín. La combinación de estos dos tonos hizo que el Pete se situase en lo más alto del podio en su categoría.

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El mercado de los grandes ruta al otro lado del charco es bien distinto. Aunque aquí estemos habituados a unas construcciones más estándares si cabe, en cuanto a los modelos se refiere, allí se realizan trabajos prácticamente por encargo, pues las diversas configuraciones según la funcionalidad del camión son casi ilimitadas.

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Uno de los motivos de más relevancia para este hecho son las grandes distancias que algunos transportistas se ven obligados a realizar, debido a la inmensidad del territorio.

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Ello conlleva reemplazar un motor por otro de mayor o menor cubicaje y, con ello, algunas de las especificaciones del vehículo. De ahí, precisamente, que en el mercado americano esta práctica transformista se haya consagrado de forma exponencial y en todos los ámbitos, y desde el inicio de la aparición de los camiones, pues si hacemos memoria, el propio Peterman, fundador de Peterbilt, comenzó a fabricar camiones para transportar los troncos que su empresa maderera necesitaba.

En la actualidad, lógicamente, el sector, debido a la creciente demanda por parte de los usuarios, ha evolucionado desde entonces, con inifinidad de accesorios en acero y cromados, realizados de forma artesanal, como podemos apreciar. Imponentes chimeneas, originales espejos retrovisores o pinturas brillantes, la personalización de los camiones ha llegado a mover cifras astronómicas en la industria. Tanto es así, que prácticamente todo taller que se precie realiza transformaciones de mayor o menor magnitud.

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