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José María Sanz, forjados al volante

Hace algunos años nos acercamos a estas mismas instalaciones de San Sebastián de los Reyes (Madrid) para conocer a la familia Sanz. Deben de haber pasado cerca de 10 años y aquí volvemos a estar.

El jefe, José María, peina algunas canas más; su mujer, Carmen, sigue sonriendo igual de encantadora; los tíos Maxi y Chano ya no están, pero también han llegado nuevos miembros a la familia (seis nietos y una más de camino).

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El clan crece como siempre lo ha hecho: viviendo juntitos, aquí mismo, entre camiones, en el campo, con José María al frente del negocio y sus cuatro hijos aguantando la vela: Lucía, en la gestión; José, Ricardo y Alfredo, al volante. Y cuando queda algo de tiempo libre, para los nietos.Profesión José María Sanz

Que ya son seis y a la que se despisten los mayores se ponen al volante de los Barreiros –las dos joyas de la corona– y adiós muy buenas. Han pasado muchos años desde que les visitamos por primera vez, y además de ver caras nuevas y escuchar el ruido de la chiquillería, que antes no estaba, también ha cambiado el modelo de negocio.

La empresa ha ido virando paulatinamente de la jardinería a la gestión de residuos vegetales. Adaptarse o morir. José María lo tiene claro: “Hace unos años nos metimos en este sector y ahí vamos.

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Pensamos que el reciclaje es el futuro. Cada vez hacemos menos materia prima y al final terminaremos reciclando de todo: papel, cartón, caucho, aceites, vegetal… ahí veo el futuro –reconoce–. El que esté preparado será el que funcione”.

Profesión José María SanzNuevo negocio, nuevos equipos Los Sanz se han puesto las pilas en lo que a maquinaria se refiere.

La inversión no es pequeña, pero la demanda marca los pasos a seguir y en los últimos cinco años se ha hecho necesaria la incorporación de nuevos equipos para convertirse en gestores de residuos no peligrosos y punto limpio en la zona norte de Madrid.

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Picadora, trituradora, acondicionamientos del terreno, una máquina cribadora… la empresa ha hecho los deberes y hoy funciona a base de los deshechos vegetales de las podas, su procesado y la posterior venta.

Funcionan –por así decirlo– como una planta de reciclaje de basuras, solo que con residuos vegetales. “Continuamos con la actividad relacionada con tierras vegetales, sustratos y mantillos, pero además recogemos material de podas con nuestros propios vehículos y traemos el material aquí –explica José María mientras caminamos por delante de sus 8 camiones principales de trabajo–.

Hemos tenido que hacer inversión en maquinaria para trabajar el producto, sacar licencias, etc. Nada de eso es barato”.

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Profesión José María SanzPese a que la inversión ha sido fuerte, la diversificación de la actividad ha permitido compensar el descenso de otro tipo de trabajos.

Lo bueno de la gestión de residuos es que el producto finalizado es variado y tiene mucha salida: “Cargamos con pulpos todo el material en nuestros vehículos y lo traemos aquí”, sigue relatando José María.

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“Lo molemos y la cribadora empieza a seleccionar las piezas. De ahí sacamos compost, que luego se mezcla con materia orgánica y se usa para mejorar la calidad de las tierras.

Ese producto se vende a viveristas o empresas de jardinería”. Los trozos más grandes, por su parte, se venden como biomasa, ya sea para alimentar estufas de particulares o centrales térmicas. Todo, absolutamente todo, se aprovecha.

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La flota está formada por MAN e Iveco, principalmente, a los que hay que añadir el Freightliner americano del que ya os hablamos hace unos cuantos números y los dos Barreiros, el orgullo de José María.

Si algo destaca en la flota es la polivalencia de las máquinas, con potencias que van desde los 270 CV hasta los 480 (el TGA tres ejes). El porqué de tanta variedad se justifica por el tipo de transporte, tanto nacional como local.

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“Mis hijos se encargan normalmente del transporte nacional, con los vehículos de mayor tonelaje, pero también hacemos viajes pequeños por Madrid, de ahí que necesitemos tanta variedad”.

Se hacen algunas salidas internacionales, pero lo habitual es hacer ruta rumbo al sur de España y levante, a las canteras de mármol. De bajada se lleva sustrato y de subida, piedra para jardinería, “las chinas con las que se decoran ahora todas las rotondas”, aclara José María.

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Esa piedra de decoración la vendemos a nivel local”. La flota se completa con un “Ivequito” de 170 CV y matriculado en 1986. Otra joya que continúa con los Sanz tanto por el valor sentimental como por su practicidad. Todos los mantenimientos y las reparaciones menores se llevan a cabo en estas instalaciones.

La misma polivalencia de los vehículos está en los miembros de la familia: el que no pinta, arregla chapa; el que no cambia filtros, ajusta un motor. Y mientras, las chicas ponen orden: Lucía, con los números, el papeleo y el teléfono; Carmen, multiplicándose en casa y echando una mano como abuela. Obviamente, dos puntales imprescindibles.

La tradición como valor

Hacemos un alto en el tour por la finca de San Sebastián de los Reyes para visitar una habitación muy especial. José María me hace una señal para que entre. Sonríe, me abre la puerta y me enseña orgulloso los utensilios de transporte con bestia de tiro que ha heredado de su familia.

Embocaduras y sillas Profesión José María Sanzantiguas, piezas con el apellido Sanz tatuado en el cuero, viejas alforjas de esparto… un pequeño museo de la historia de este clan que se remonta al bisabuelo de José María, Francisco, la primera generación de transportistas.

Ha llovido, pero nuestro protagonista conoce perfectamente el relato de los suyos. “Mi bisabuelo era de Cantalejo, Segovia. Trabajaba con carros, transportando productos de Madrid al pueblo y a Burgos. Mi abuelo, Florentino, siguió con los carros, pero ya se vino a vivir a Madrid, y aquí nacieron mi padre, José Sanz, y mis dos tíos camioneros, Maxi y Chano.

Los tres vivieron parte de la época del transporte con carro, pero fueron ellos los que empezaron con los camiones”. La familia vivía en Tetuán, cuando el barrio era campo salpicado de casas bajas, “de las que se empezaban por la noche y se terminaban de madrugada”. Allí vivían todos, algo similar a lo que ocurre en este terreno de San Sebastián de los Reyes.

Los tres hermanos se hicieron con un Ford pick-up que convirtieron en camioneta y empezaron a viajar por España. “Iban los tres dentro y se ayudaban a cargar y descargar. Viajaban a Toledo con cántaros de leche o con sardinas y boquerones, que cuando llegaban a su destino ya eran arenques Profesión José María Sanz–cuenta con sorna nuestro entrevistado–.

Iban con un motorcillo de gasolina que cada dos por tres les dejaba tirados, por carreteras que eran caminos, con las generales todavía empedradas, otro mundo”.

En cuanto pudieron, se hicieron con un vehículo para cada uno. José María recuerda el Ford Barbas, el Reo, un GMC, un Chevrolet, un Dodge Carnero, “siempre americanos, porque en aquella época aún no había nada más”. Más tarde llegarían los Leyland, Pegaso, Barreiros, y el transporte por Toledo, Segovia, Soria, Guadalajara, en caravana los tres hermanos o cada uno por su cuenta.

José María recuerda esa época de infancia y juventud con mucho cariño, “todos juntos en Tetuán, con el patio con los camiones, mis tíos y mi padre que llegaban a las tantas y todavía se tiraban un rato más poniendo a punto los vehículos para volver a salir pronto por la mañana”. Transporte en estado puro.

Con tal escenario en casa, lo extraño habría sido que José María se dedicara a otra cosa diferente. Lo suyo con los camiones comienza casi desde la cuna. Nació el 11 de enero de 1952, en una noche de nevada, y su madre casi da a luz en el interior del pick-up Ford.

“Yo estaba más con mi abuelo que con mi padre”, recuerda el entrevistado. “Me llevaba a las ferias de ganado en el carro, y atrás llevábamos cuatro o cinco mulas para venderlas. Igual volvíamos con ocho. Así era el negocio”.

Profesión José María SanzVolcados con la jardinería José María empezó como chófer en una empresa de construcción con un Centauro, al que después seguiría un Magirus Deutz.

Más adelante se puso por cuenta propia a lomos de su primer vehículo: un Barreiros 4220, con el que hacía transporte general por toda España.

Pronto empezó con los viajes relacionados con jardinería, y a principios de los años 80 se hizo con estos terrenos. “Yo buscaba sitio para hacer mantillo, compost, etc., y poder guardar el camión.

El dueño me lo alquiló hasta que un buen día me preguntó si estaba interesado en comprar la finca”. Corría el año 86 y la empresa José María Sanz daba un salto cualitativo. Llegaría el Iveco 145.17 con grúa y de ahí, paso a paso, la ampliación de la flota y del negocio, primero transportando plantas y más adelante con abonos y sustratos. “Vamos evolucionando constantemente – reconoce nuestro protagonista–.

Dependemos siempre de la demanda y las necesidades de los clientes. En el transporte ha habido años de bonanza, pero nunca ha estado bien. Hoy está tirado. Nosotros ya no vivimos del transporte. Los camiones son unas herramientas de nuestro negocio, pero no la principal actividad. Ya no”, reconoce José María.

Profesión José María SanzLlegamos a la última habitación del museo Sanz. Aquí están las dos joyas de la familia. Dos Barreiros que ya han dejado de trabajar pero siguen siendo parte indispensable de la historia del negocio.

El más antiguo de la flota fue durante años este Barreiros Saeta 65 que adquirió su padre. El otro, un 4420 Yé-yé de 135 CV de potencia, cuyo motor ha rodado más de tres millones de kilómetros.

Ambos son el tesoro de la familia y ahora que están jubilados se preparan para ser restaurados y exhibidos en concentraciones. Un final muy digno. El que no parece que quiera dar un paso al lado es nuestro entrevistado. José María acaba de cumplir 64 años y ahí sigue.

La familia cree que con las horas que se ha pasado al volante, trajinando arriba y abajo con cargas, trabajando en la finca, ya se ha ganado la jubilación con creces. Él, sin embargo, echa un vistazo al cerro y sonríe.

Contempla lo que ha levantado en esta tierra, los chiquillos que corretean mientras Carmen prepara un cordero, y dice que no, que para jubilarle tendrán que echarle de aquí.

Sabemos que en unos cuantos años volveremos para contar cómo va el negocio y qué tal lo está haciendo la nueva generación. No nos queda duda de que seguirán por aquí, viviendo juntos y amando lo que hacen. Porque esta es su historia, la esencia de un clan forjado al volante.

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