En la campa de Hiperdesguace del polígono de Aimayr de San Martín de la Vega (Madrid), el goteo de visitantes es incesante. Unos vienen solo por curiosidad, sin un cometido concreto. Otros buscan piezas para clásicos, otros dirigen la vista hacia componentes más grandes —un motor, quizás— y otros se acercan como auténticos cazatesoros, en busca de un vehículo entero.
Hiperdesguace trabaja desde hace tres años el mercado del vehículo industrial de desguace, conscientes de que el negocio requiere una mano de profesionalización, seriedad y servicio. Uno de sus objetivos es, precisamente, desterrar la vieja imagen del desguace de antaño. Por eso, desde el primer minuto, Vicente Álvaro, sus tres socios (Javier, Pablo y Alberto) y todo el personal de la campa se pusieron manos a la obra para modernizar el mundo del vehículo de desguace.
El camino ya está trazado y, en la andadura, Hiperdesguace ha visto cómo ha crecido su catálogo, su plantilla y el tipo de cliente. El penúltimo objetivo es ampliar el negocio fuera de nuestras fronteras. Y en esas están. Tres años después de abrir sus puertas, y con mucho trayecto que recorrer aún, Hiperdesguace no para de crecer, tanto en volumen de catálogo como en diversidad de clientela.
Visitamos sus instalaciones madrileñas para que nos cuenten las novedades. “Estamos haciéndonos un hueco poco a poco”, comenta Vicente mientras paseamos entre cabinas de camiones ligeros. Además de ofrecer un servicio integral con envíos a toda España en 24 horas y contar con equipos de reciclaje
responsable (son Centro Autorizado de Tratamiento), la empresa no para de abrir nuevas vías de negocio. La última, el envío de piezas al extranjero. “Estamos internacionalizándonos –explica Vicente–. Cada vez mandamos más material rumbo a Sudamérica y también a Rusia. Por lo general es clientela que busca motores, cajas de cambios y diferenciales. Nosotros recibimos el encargo, preparamos el envío y el material se carga en contenedores marítimos, normalmente desde Valencia”.
Amplitud de miras Lo habitual es que el cliente, o en su defecto una persona de confianza, visite la campa de Hiperdesguace en el primer envío. A partir de entonces, las siguientes transacciones se hacen telefónicamente o a través de Internet. “Estamos creciendo en todos los aspectos. Hemos incorporado a un par de personas más en el equipo de campa, estamos trabajando mucho el tema de exportaciones y aumentando también en el sector de los autobuses”. ¿Qué será lo próximo? Vicente no le hace ascos a nada. Si por él fuera, ampliaría el espacio para aumentar aún más el catálogo.
Cabinas, autobuses, cabezas tractoras, cajas… Hiperdesguace hace honor a su nombre. “Cada vez estoy más convencido de que yo tengo Diógenes del hierro”, bromea el responsable; pero lo cierto es que una de las claves de la empresa es, precisamente, su amplio catálogo. Aquí funciona el dicho: no se vende lo que no se tiene. “Guardo todo porque todo se puede vender –afirma Vicente–. Lo que para uno no vale, para otro es un tesoro”.
La entrada de vehículos llega por tres posibles vías: subastas, empresas grandes y particulares. Una vez dentro, se tramitan las bajas, se descontaminan (separación de todos los líquidos), se catalogan las piezas y se almacenan, todo bajo una normativa exigente y controlada por la Administración constantemente. “El control es muy estricto –reconoce Vicente–. Pero yo prefiero que sea así”. La búsqueda de la excelencia no es sencilla.







