Espectáculo en la Truckers Jamboree de Walcott, en Iowa

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El morro de un camión americano bañado por los destellos del sol contra su parrilla es, sin duda, una de las imágenes por excelencia en el álbum mental de cualquier profesional del transporte por carretera. Al menos de aquel que verdaderamente siente pasión por este oficio. En el área de descanso I-80 de Iowa, en plena Interstate 80, a su paso por Walcott, cada verano desde 1979 se concentran durante unos días decenas de esas imágenes míticas, para alegría de los amantes del camión.

Truckers Jamboree Iowa

Una colección de postales de película formada por decorados, customizados, clásicos y conjuntos completos que solo pueden juntarse aquí, en Estados Unidos. Son tres días de orgía trucker a base de cromados, bombillas y pintura. Todo ello amenizado con rock, country y la parrilla de la barbacoa. Por supuesto. estamos en pleno Medio Oeste, en uno de los grandes festivales camioneros del país y los detalles se cuidan.

Han pasado diez años desde que peregrinamos al Truckers Jamboree de Iowa por última vez y parece que el tiempo nunca avanzó. Cruzamos el logo de entrada al recinto, el imponente cartel que nos indica que estamos en el truckstop más grande del mundo, y parece que fue ayer cuando Jesús García y un servidor visitamos por primera vez el I-80.

Truckers Jamboree Iowa

La misma afluencia masiva de público, el mismo olor a carne a la parrilla, el mismo calor y, sobre todo, la misma sensación de estar en la meca del mundo camionero. Y no es una exageración: el Truckers Jamboree de Iowa es el centro del planeta trucker durante tres días de julio (esta edición, del 13 al 15); hasta aquí llegan visitantes de 25 estados (cerca de 45.000 personas según la organización), se despliegan 150 stands y brillan más de 200 vehículos, entre decorados, customizados y reliquias. Un show único, tanto por los vehículos como por los personajes.

“Mi familia está orgullosa de haber servido a la industria del camión durante 53 años”, dice Delia Moon Meier, la responsable de la estación de servicio I-80 y una de las hijas de Bill Moon, el tipo que a principios de los sesenta compró los terrenos para levantar aquí una gasolinera con parking para camiones.

Aparte del lado lúdico de esta concentración, Moon reconoce que el festival es algo más: “Es también la manera que tenemos de darles las gracias a todos los hombres y mujeres que transportan las mercancías que necesitamos cada día. Y es un honor poder hacerlo”.

Truckers Jamboree Iowa

En Estados Unidos, el oficio de transportista parece que goza aún de un estatus que desapareció hace mucho en Europa, ya no digamos en España.

En EE.UU., además de asombrarse por la espectacularidad de los vehículos, el visitante reconoce la importancia de esta profesión. El engranaje del capitalismo se partiría en mil pedazos sin estos mastodontes sobre ruedas. Lo saben y lo festejan.

Un pianista ameniza la tarde con clásicos del rock. En el escenario principal, una banda de country es jaleada por un público que baila y hace palmas. Niños, abuelos, familias, tipos tocados con sombrero de vaquero, ancianos salidos de un catálogo del buen patriota, todos aportan la pincelada humana al evento.

Truckers Jamboree Iowa

Para un españolito armado con una cámara de fotos, el Truckers Jamboree es oro puro. Ahí está una cuadrilla de agentes de la policía del condado, que posa con gusto ante el objetivo. A poca distancia, un abuelete disfruta como un niño moviendo entre los pies de los asistentes un camión de radio-control.

Truckers Jamboree Iowa

Un veterano de Afganistán se coloca orgulloso frente a un imponente Freightliner tributo a los soldados norteamericanos. Una familia de puertorriqueños pasea con la boca abierta entre las cabinas, un antiguo repartidor de leche explica a quien quiera escucharle la historia de su camioncito restaurado, un Divco de los años cincuenta.

La vida pasa por los pasillos del área I-80 igual que hace diez años. La misma gente, las mismas historias antológicas, la misma belleza. Cuando el sol se acuesta, los camioneros accionan el interruptor para engalanar a sus vehículos con luces de colores.

La fiesta sigue. Se lanzan fuegos artificiales. Suena rock, huele a carbón y a chuletas a la brasa. La meca del camión sigue siendo tan espectacular como la recordábamos.

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