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Chevrolet conventional del 54, un zepelín sobre ruedas

Russ Moen trabaja como electricista industrial en Port Alberni, Canadá, cerca de Vancouver. En sus horas libres se entretiene restaurando y modificando vehículos antiguos que, por historia o por estética, tienen cierto buqué, como un Camaro de 1973, un Corvette descapotable de 1966 o un Ford 3 Window Coupe.

Máquinas Autocaravana Chevroletclásicas que Moss completa con la última tecnología bajo el capó y en la cabina. Una de sus “criaturas” que más satisfacción le han reportado es este espectacular Chevrolet de 1954 transformado en autocaravana tras cerca de 6.000 horas de trabajo, muchas de las cuales a base de lija, lija y más lija.

En 2005, Russ se topó por casualidad con una camioneta Chevy. Estaba fuera de circulación, rodeada de maleza y amenazada de muerte por el óxido. Pese a que ni él ni su mujer son aficionados a los viajes en camper o autocaravana, el electricista andaba dándole vueltas a la idea de hacerse con uno de estos vehículos para poder viajar en familia a las concentraciones de clásicos y truck shows de todo el país. Y el conventional parecía un candidato ideal para ese cometido.

Dos vehículos y 6.000 horas de trabajo

Su primera idea fue restaurar el Chevrolet y acoplarle una caravana mediante una bola de enganche. Fácil. Lo clásico. Sin embargo, Russ tenía en mente un habitáculo demasiado especial y pesado como para que la idea original llegara a buen puerto.

“En realidad, mi intención era construir un trailer Bowlus (el Bowlus Road Chief Autocaravana Chevroletera un tipo de caravana de aluminio y con forma de punta de zepelín que se popularizó en Norteamérica a mediados de los años 30), así que hice un trato con mi amigo Mike Pearson para que me dibujara bocetos a partir de 50 o 100 fotografías que yo le pasé”, explica Russ en una entrevista para la revista Hotrod.

“Cuando le expliqué al fabricante de suspensiones lo que quería me dijo que no podía ser tan grande. Así que me pareció más apropiado empezar a construir sobre una base que ya hubiera sido construida para soportar pesos grandes”.

El chasis del Chevrolet se descartaba y aparecía en escena un mastodonte: un motorhome Elite de 1985 con chasis GMC P30. Básicamente, un apartamento sobre ruedas, cuya fortaleza de base le permitiría colocar encima un habitáculo tipo Bowlus, el zepelín.

Sobre el chasis del Elite colocó un soberbio motor Cummins de 12 válvulas con una fuerza de de 1.084 Nm a 1.700 rpm, más que suficiente para mover con solvencia el habitáculo. “Mi primera idea para construir la caravana fue darle un estilo de avión, pero el tipo que encontré lo hacía a precio de avión también”, explica Russ.

“Mi mujer me preguntó: ‘Si lo que quieres es que parezca un barco boca abajo, ¿por qué no buscas un constructor de barcos?’”. Dicho y hecho. Un amigo, Karl Foeshe, levantó a base de tiras de aluminio toda la estructura trasera, dándole la forma de zepelín característica de los míticos trailer Bowlus Road Chief, cuya estética es, ciertamente, la del casco de un barco boca arriba. Una vez construida, el dueño se pasó seis meses puliendo el aluminio a todas horas. Un trabajo extenuante que, sin embargo, no dio los resultados esperados.

“Fue agotador, pero una vez la saqué afuera, a plena luz, no me gustaba como lucía, así que decidí pintarla entera. Fue mucho trabajo más, pero estoy contento con la decisión”, reconoce Russ.

Autocaravana ChevroletPoco a poco, los amigos de este electricista canadiense fueron involucrándose en el proyecto del Tourliner, que es como el dueño decidió bautizar a la criatura. Dos colegas que también se dedican a la construcción naval le diseñaron y fabricaron en fibra de vidrio los pasos de rueda.

A la cabina se le añadió una visera para darle un aire aún más retro y un paragolpes de un Cadillac del 51. Dentro, el vehículo se acondicionó con lo más reciente en tecnología. De hecho, el dueño se refiere a la cabina como la “madre nodriza”.

La lista de detalles es casi interminable: ducha, baño, un tanque de 280 litros de agua, uno de 75 para aguas residuales, equipo Dometic de climatización tanto para la cabina como para la parte trasera, revestimientos y acabados en madera de abedul y cereza, con suelo de teca y arce, una cocina Wallas alimentada por diesel, nevera Nova Kool, calentador eléctrico y una pantalla de TV de 19 pulgadas en la zona de descanso.

Pese a mantener sus espejos originales, el Tourliner cuenta con un completo equipo de cámaras para asistencia en maniobras. Dos de ellas están instaladas a ambos lados, en los escalones de entrada a la cabina, mientras que la tercera unidad ocupa la parte trasera.

Las imágenes se reproducen en tiempo real en una pequeña consola superior sobre la cabeza del conductor. Pese al tamaño de todo el conjunto, el peso total no rebasa los 4.600 kg, aproximadamente dos tercios de lo que pesaba el motorhome Elite, y todo eso con un Cummins bajo el capó que eroga más del doble de Autocaravana Chevroletpotencia que el motor original de la autocarvana.

La eficiencia de consumo es, según su dueño, más que aceptable. “Hago 20 millas con un galón” (12 litros a los 100).

La peculiar forma de la parte trasera no presenta problemas de aerodinámica. Al contrario. Después de cerca de siete años de uso recorriendo Canadá y Estados Unidos, Russ asegura que el Tourliner es sorprendentemente bueno con viento cruzado, e incluso con lluvia y en condiciones muy adversas.

La cola del zepelín parece que funciona a la perfección. También la comodidad interior: “No es un vehículo en el que asentarse en un lugar y vivir -admite el dueño-, pero es genial para viajar y, quizás, pasar una noche, tumbarte atrás, ver una película, etc.”.

Estéticamente hay poco que decir. Aparte del aire retro y cincuentero de conventional y la decoración del chasis, se le añade el plus estético de un habitáculo estilo Bowlus, un lujo de los años 30 de los que ya apenas quedan en las carreteras.

Quizás por eso, aparcar en un área de servicio se puede convertir en un pequeño suplicio para la familia. Hay colas para intentar verlo por dentro y los curiosos tocan a la puerta a cualquier hora. “A mí no me importa -dice Russ-, pero me he tenido que repensar lo de ir acompañado de mi mujer a los truck shows”.

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