En un mundo donde la transición energética, la sostenibilidad y la movilidad son pilares fundamentales, empresas como Cepsa apuestan con energía por ofrecer una alternativa real y eficaz para cumplir con los objetivos de reducción de las emisiones de CO2 que marca la Unión Europea.
Un compromiso sólido para ofrecer soluciones energéticas que aceleren la descarbonización de sus clientes. Una de esas soluciones que presenta Cepsa es la producción de biocombustibles de segunda generación (2G), que tienen un papel fundamental en la transición energética del transporte pesado, al tener un menor impacto medioambiental.
Y es que la Comisión Europea plantea que las emisiones de CO2 en el 2040 deben reducirse un 90% para los camiones de más de 5 toneladas, remolques, autobuses de larga distancia de más de 7,5 toneladas y además emisiones 0 para los autobuses urbanos en 2035.
Este objetivo supone que los vehículos pesados puedan seguir siendo vehículos de emisiones distintas de cero, es decir, se dejaría la puerta abierta a motores de combustión que utilicen combustibles bajos en carbono, como los biocombustibles 2G, en concreto el HVO 100.

HVO 100, el principal aliado para el transporte de mercancías por carretera
De esta forma, y siguiendo el planteamiento de la Comisión Europea, el HVO 100, también llamado diésel renovable, es un biocombustible 2G que puede reducir las emisiones de CO2 hasta en un 90% durante todo su ciclo de vida. Esto es, desde su recolección, producción, transporte y hasta su uso final en comparación con los combustibles fósiles tradicionales.
Se requieren de soluciones inmediatas para impulsar la descarbonización y este combustible lo permite, ya que se puede suministrar a los motores diésel actuales sin realizar ningún tipo de modificación.
Asimismo, se pueden seguir utilizando las infraestructuras existentes de almacenamiento y distribución del combustible tradicional.

De esta forma, el HVO 100 también fomenta la economía circular, ya que se produce a partir de residuos orgánicos, como son los aceites usados de cocina y deshechos agrícolas o ganaderos que, de otro modo, terminarían en el vertedero.
Teniendo en cuenta las ventajas que aporta este diésel renovable, Cepsa inició su comercialización a finales del 2023 a transportistas de manera directa en las propias instalaciones de las empresas, ofreciéndoles soluciones adaptadas a sus necesidades.

En este sentido, José Emiliano Pardo, director de Ventas Directas de Cepsa, ha subrayado, que «durante estos meses, hemos dado grandes pasos facilitando el uso de HVO 100 entre nuestros clientes, acompañándolos en el proceso de descarbonización de su flota.
El HVO 100 es la solución actual para reducir emisiones en el transporte pesado terrestre y en Cepsa estamos comprometidos con facilitar recursos a nuestros clientes, que les permitan afrontar los retos de la transición energética”.
Para llevar a cabo todo el suministro, Cepsa produce actualmente este biocombustible de segunda generación en su Parque Energético La Rábida en Huelva. Además, junto a Bio-Oils, Cepsa ha iniciado la construcción de la mayor planta de biocombustibles 2G del sur de Europa.
Esta instalación, que producirá anualmente de manera flexible 500.000 toneladas de combustible sostenible de aviación (SAF) y diésel renovable (HVO), permitirá duplicar la capacidad de producción actual.
La nueva planta de biocombustibles 2G, junto con las instalaciones con las que ya operan Cepsa y Bio-Oils en Huelva, formará el segundo mayor complejo de combustibles renovables de Europa, con una capacidad de producción total de un millón de toneladas al año.
Este complejo comenzará a producir en 2026 y se ubicará en Palos de la Frontera (Huelva) junto al Parque Energético La Rábida de Cepsa, donde está previsto que genere 2.000 empleos, entre directos e indirectos.
Además, se construirá con la última tecnología para la producción de combustibles renovables y tendrá un mínimo impacto ambiental.
Gracias al consumo de hidrógeno renovable, electricidad 100% renovable y a diferentes sistemas de recuperación de calor y eficiencia energética, esta instalación emitirá un 75% menos de CO2 que una planta de biocombustibles tradicional y está diseñada para lograr las cero emisiones netas en el medio plazo. Asimismo, no consumirá agua dulce, sino que solo utilizará aguas recuperadas.



