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Soy camionera: María Asunción Pinilla, domadora de retos

Comienzas por hacer las cosas necesarias, luego las que son posibles y, para cuando te quieres dar cuenta, ya estás haciendo las imposibles. En ese proceso ha ido esta camionera zaragozana pasando las distintas pantallas de su vida.

Con 16 años empezó a ganar dinero en una fábrica de pañales y compresas, a la que siguió una panificadora, una tienda… (lo necesario).

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Durante ocho años (lo posible) trabajó en un laboratorio de obra civil de ensayos de tierra, hasta que en 2008 la crisis se convirtió en tierra fértil para los ERE, esa especie invasora, aunque tenga poco de exótico, que arrasó el ecosistema laboral autóctono, cual tortuga o cangrejo americano.

Camionera María Asunción Pinilla

Pero lo imposible nunca había dejado de asomar en la imaginación de María Asunción. Desde pequeña, su gran quimera era conducir un camión. No le preguntes el porqué, ni busque el lector una línea lógica a la que seguir el rastro. Ni su padre fue camionero, ni su madre o algún otro miembro de la familia.

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Tras el despido en los laboratorios vinieron los tiempos más complicados para María; tiempos que ella no tiene ningún rubor en recordar.

“Tuve que pedir ayuda muchas veces a familia y amigos para tirar adelante, sobre todo por aquello que más quiero, que es el bienestar de mi hijo.

La bondad incondicional que tantos seres queridos me brindaron cuando estuve en paro es algo que nunca olvidaré. Fueron meses –rememora María– de recabar cualquier ayuda social e incluso ir a la Cruz Roja.

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Camionera María Asunción Pinilla

No me avergüenzo de ello. Había agotado el paro y precisamente desde el Instituto de Empleo vi que se me daba la oportunidad de sacar los permisos de rígido, autobús y tráiler. Fui a por todas”.

Ante otro panorama

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En sus estudios de primera juventud se quedó en lo básico, pero a los 43 años, se sacó a la primera cada uno de los carnés. Con ellos en la mano, dio comienzo a la odisea de pasear currículums aquí y allá. “Fue una época en la que me podía haber comprado muchos yates: Ya te diremos, ya te llamaré, ya te informaremos…

No te dicen a las claras que eres una mujer con 43 años y sin experiencia, pero hay cosas que una las nota sin necesidad de que te las digan. Las mujeres tenemos un sexto sentido para percibir esa sensación”.

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Camionera María Asunción Pinilla

Tras picar a mil puertas, su amigo Pita le puso sobre la pista de Talsa Logística, empresa soriana que andaba buscando chóferes.

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Provista de, según reconoce con media sonrisa, un currículum algo adornado, se fue para las Castillas a explorar nuevos caminos.

Allí dio con Juan Ignacio, una de las cabezas de Talsa, que confió en ella sin (como dictan los cánones lingüísticos materno-paternales) currículos ni currículas. “Mi jefe es un tipo que no te lo pone sencillo a la primera–nos dice María–, pero que lo primero que valora es el que vayas de cara.

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De él aprendí cosas muy necesarias para hacer transporte por Europa: prepararte la ruta, mirar los mapas, guiarte por los carteles y, una vez en la ciudad, tirar de GPS para llegar hasta el cliente”.

Camionera María Asunción Pinilla

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De Juan Ignacio, efectivamente, aprendió imperiosas teorías, pero de quien aprendió usos y habilidades prácticas fue de Silvia Flores, también camionera, a la que le une una gran amistad desde el primer día en que se conocieron.

Con ella aprendió maniobras e interiorizó precauciones. Pero los días de ir a doble chófer duraron lo que tenían que durar, hasta que llegó aquella tarde a la que aludimos en la entrada que abre nuestro reportaje.

María, la turista

Su primer viaje sola fue a Reims. Un millar largo de kilómetros la esperaban. Los nervios de aquellos primeros compases de profesión camionera hicieron mella en esta maña, impetuosa por fuera, pero muy sensible por dentro.

“El primer mes creo que no pasó un día sin que acabara la jornada llorando. Me perdía o salía del itinerario sin querer y mi jefe me abroncaba con más o menos ímpetu. ‘María, la turista’, me decía.

Camionera María Asunción Pinilla

Supongo que era para espolearme y que me aclimatara cuanto antes al oficio, pero a mí me afectaba mucho. Lo cierto –prosigue María– es que hoy me siento absolutamente integrada en este duro oficio de transportista.

Con el jefe ya he llegado a una óptima comunicación verbal y no verbal. Además, siempre me procura viajes que me permitan al menos pasar un fin de semana de cada dos en casa. Mis compañeros han sido también un gran pilar. Han estado ahí para todo”.

De su querido Perolo (un Renault Premium que nunca olvidará), pasó al DAF que aparece en la foto, que para cuando salgan publicadas estas páginas ya habrá cambiado por un Renault T 520.

Su viaje tipo es de unos 11 días con congelado, 24 horas de descanso en Europa y 66 de parada en casa, donde corre como loca por abrazar a su hijo Israel. “Tiene 14 años, pero su madurez es gigante.

Camionera María Asunción Pinilla

Lo he intentado tener siempre alejado de mis problemas de mayores, pero ha pasado tanto por presencias duras, como cuando no encontraba trabajo, como por duras ausencias, desde que soy camionera. Ahora él ya es mayor también”.

A dos grados de temperatura, con nieve en los zapatos y el Moncayo de fondo, las palabras de María suenan a cálida lumbre… esa llama dispuesta siempre a avivar las cosas ¿imposibles?

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