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A vueltas con el tren

El proyecto fue aprobado por la Comisión Europea a mediados del pasado octubre y queda circunscrito como parte de la nueva red de transportes transeuropea. La implantación de los distintos corredores que se han proyectado no deja de ser una mejora en según qué circunstancias, para la salida de algunas mercancías desde nuestra geografía hacia otros puntos de destino europeos. En más de una ocasión hemos destacado desde esta misma página que el camión, el transporte por carretera y el ferrocarril no serán nunca competencia. Son dos opciones complementarias con los que opera más de una empresa del sector y en determinados trayectos lleva utilizando sus combinados de trailer o remolques hace bastante tiempo, subiéndolos al tren para que lleguen a destino del cliente desde la estación término de turno.

Sin embargo hay algunos aspectos que merecen tenerse en cuenta, así como explicarles a algunas voces de esas populistas que ni el camión contamina tanto como ellos cuentan ni es el demonio de la carretera por más que hayan visto la famosa película del “Diablo sobre ruedas”, del Steven Spielberg. El camión tampoco produce los accidentes en los que se ve involucrado. Porque una cosa es provocarlos y otro aspecto muy diferente es verse involucrado. Por ley de probabilidades y del tiempo que se pasa un profesional del transporte en la carretera, tiene muchos más números de verse implicado en un incidente de las características del que hablamos.

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Sucede también que estos biopijos de la ecología actual no nos cuentan nunca, por ejemplo, cuando apuestan por el tren, qué vale producir un kilovatio o las emisiones que se emiten al exterior para fabricar unos cuantos de ellos. No; su razonamiento es quitar camiones de la carretera porque son lentos, entorpecen, contaminan y producen accidentes. El ferrocarril que se promueve desde distintos frentes políticos y sociales no funciona. Lo estamos viendo a lo largo de todos estos años. Es deficitario y encima la gente elige el autocar para viajar: más rápido, más cómodo, más eficiente y más barato. Estos califas de la ecología pueden contactar con cualquiera de las asociaciones empresariales que les concederán amablemente las estadísticas de las que les hablamos. Con el camión sucede tres cuartos de lo mismo: el ferrocarril no puede competir con él, ni con su agilidad, su rapidez, ni con su eficacia o con sus costes. Claro que esto último, con las cosas como están, es un tanto peliagudo para las empresas de transporte. No vamos a decir, que podríamos, que las vías pueden llegar a ser una competencia desleal para el camión, pues se financian y se pagan con dinero de todos, incluidos los camioneros. Y las pérdidas también tenemos que pagarlas todos, incluidos los transportistas, que son los que se ganan el jornal trasladando mercancías.

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